martes, 24 de junio de 2008

¿Es el marketing político la clave de la victoria electoral?


La respuesta es NO. Sin embargo, la mediatización de la política la ha llevado a ser vista como la “panacea” de la contienda electoral, y por consiguiente a hacer usada de manera recurrente por los candidatos y partidos políticos.

La presencia de la mercadotecnia en el ámbito político nos ha orillado a personalizar la política en los candidatos antes que en los partidos y sobresaltar el predominio de la imagen antes que las ideas y argumentación en la contienda electoral.

Tampoco hay que satanizarla y ponerla en la hoguera de la inquisición. El marketing político, con todas sus técnicas, es meramente una herramienta facilitadora. Un instrumento que puede servirnos para organizar y ser más efectivos con la campaña política[1]. Un instrumento que sirve para potenciar un proyecto determinado, pero nunca puede constituirse como el sustituto del liderazgo político ni mucho menos construir ese liderazgo desde la nada. La actividad política no puede ni debe reducirse a un modelo de mercadeo.

Es de reconocerse que este “boom” de la mercadotecnia política ha llevado a la profesionalización de las campañas electorales. Pero considero de vital importancia trascender la mercadotecnia política; pasar de la comunicación y publicidad, a un concepto más amplio en donde se conjugue esta herramienta con la práctica política, esto es, desarrollar la Gerencia Electoral.

Partamos de la premisa que de ninguna manera el marketing sustituye al ejercicio de la política. Confiar en la lógica del mercado es ignorar las redes de poder. Confiar en que el mercado va a dejar fuera de la competencia y sin posibilidad de gobernar a aquellos partidos políticos que no ofrezcan nada sustantivo es ignorar que las preferencias de los ciudadanos al momento de ejercer su voto están influenciadas por toda suerte de factores.

Basta recordar innumerables casos en donde la mercadotecnia o la publicidad política por sí misma no ha sido capaz de llevar al triunfo a un candidato. Ha habido campañas publicitarias exitosas pero el candidato ha perdido. La explicación, en mucho, se encuentra en la necesidad de manejar la campaña con sensibilidad y operación política y no únicamente recurrir a la imagen y publicidad.

Lo peligroso de una mala utilización del marketing o bien de la gerencia electoral, es transformar la competencia electoral en un mero espectáculo, donde lo importante es el show, trivializando la política a tal grado de llevarla al terreno de la farándula.


[1] Guillermina Baena Paz, “La mercadotecnia política en las campañas modernas”, documento de internet.

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